Esta mañana esperaba leer casi cualquier tontería en Twitter mientras reposaba mis obligados 20 minutos de pereza entre las sábanas… Sin embargo, un video que apenas empezaba a publicarse llamó mi atención; las noticias de un canal local en Chihuahua hacían referencia a lo que para este momento parece ser uno de los temas de opinión pública que tomarán más fuerza durante la semana: la hambruna entre los Rarámuris.
Si bien hay varias cosas que no me agradan en la nota que presenta el video, el foco de atención es esta situación de hambre crítica que pone en riesgo la vida de miles de personas. La comunidad indígena de los Rarámuris (“Tarahumaras”, en un término castellanizado) se caracteriza por vivir en condiciones difíciles en la Sierra Madre Occidental, principalmente en Chihuahua.
Mucha gente ha escuchado hablar de ellos, especialmente tras viajar en el “Chepe” que recorre las Barrancs del Cobre cuando en una de sus paradas, los turistas son asediados por indígenas que han aprendido a decir “Bui? Fai dolars” y que se niegan a ser fotografiados a menos que haya una propina de por medio, pues ello les permite obtener dinero [moneda] para adquirir bienes que se encuentran más allá de la siembra de autoconsumo en que fundan su alimentación.
A mediados de 2011 se anunció que el norte del país experimentaría una sequía grave, posiblemente mayor a las que se vivieron en el pasado. En su momento, autoridades estatales y federales pusieron en marcha estrategias para evitar que el ganado y cultivos de las principales regiones productoras en entidades como Chihuahua, Coahuila o Sonora no se vieran afectadas por el fenómeno climático. A la par, esto agraviaba la situación que los Rarámuri ya vivían a causa del alza generalizada en los precios de semillas y abono que ya se había detectado desde 2008.
En noviembre, otra nota señala que ya se habían detectado casos que requerían urgente atención de las autoridades: la desnutrición estaba cobrando vidas de los más pequeños, tal como sucede en países que figuran al final de la lista de desarrollo. La difusión del video puso en la mesa la gravedad del asunto: el hambre en la Sierra Tarahumara alcanzó ya tales dimensiones que está llevándolos al suicidio. ¿Y el gobierno?
En el último año no recuerdo haber escuchado notas sobre el tema. ¿Quizá no sintonicé los canales adecuados o es que hace falta un número de muertes -amarillismo al final del día- para que López-Doriga comente la situación en su noticiario y entonces sí, la gente y el gobierno volteen a mirar a esos rincones donde dejamos abandonados a quienes decidieron seguir con tradiciones centenarias?
Eso sí, tenemos la Estela de Luz Bicentenario: un cacharro que de mexicano no tiene más que los 1,035 mdp que costó el cuarzo brasileño y el resto de materiales provenientes de Canadá e Italia. ¿Y los pobres ‘apá? Mejor nos ahorramos esa pregunta, porque si llega a oídos de Paulina Peña, seguro nos tacha de proletarios resentidos.
A tan sólo algunas horas de que se iniciara la difusión del video se convocaron colectas, casi tan veloces como el significado de “Rarámuri” (“corredor veloz”) y salió a luz que un grupo de empresarios ya estaban realizando la segunda entrega de víveres para las familias en la sierra, sin embargo, los paliativos de este tipo son como las aspirinas para el cáncer, pero la intención es buena.
Otra vez, es gracias a la gente que nos damos cuenta de lo que pasa en este país. Otra vez somos los ciudadanos quienes levantamos la voz ante gobiernos que simplemente ignoran a quienes conforman el país que gobiernan. ¿Hasta cuándo?

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